«Ex Machina»
Alex Garland
Reino Unido, 2015
v.o.s.
Caleb (Domhnall Gleeson) es un programador brillante en una empresa de alta tecnología informática. Gana un concurso para pasar una semana con el excéntrico genio dueño de la compañía, Nathan (Oscar Isaac) en un remoto lugar donde tiene su laboratorio.
Nathan después de haber creado un sofisticado sistema de computación que lo ha hecho millonario está dedicado al desarrollo de inteligencia artificial. Ha invitado a Caleb para someter al «test de Turing» a Ava (Alicia Vikander), su último androide con IA. Necesita que lo haga un examinador externo. Caleb debe determinar si Ava responde como una máquina o tiene verdadera inteligencia.
Película de una sobriedad absoluta, con un mínimo de elementos: los necesarios. Sin concesiones a la espectacularidad o a la distracción. Se centra en su contenido y cada detalle está estudiado al máximo. Puede parecer algo lenta, pero se trata de un trabajo interesantísimo en el que se trastocan casi todos los tópicos sobre el tema. El trabajo de Alicia Vikander es excelente en un personaje complejo.
A mí me ha parecido como una revisitación del mito de Frankenstein, aunque eso no se mencione, ni se aluda nunca. El científico «loco», borracho (positiva y metafóricamente) ante la posibilidad de crear vida (mental) real y ser como un dios, es en esta ocasión presentado de forma poco usual. Nathan no está la mayor parte del tiempo trabajando en su laboratorio; lo vemos entrenando y bebiendo, lo que de alguna manera disfraza el arquetipo.
En cuanto a la «criatura» nos hemos acostumbrado a las tres leyes robóticas de Asimov, u otro cortafuegos de prevención frente a los androides inteligentes (los Nexus 6 de Blade Runner solo podrían vivir poco tiempo como medida de seguridad). Aquí volvemos a la situación de Frankenstein, pero en este caso la criatura no siente la necesidad de que su creador la quiera.
La complejidad de las reacciones tanto humanas como artificiales están expuestas de una forma inteligente y sin concesiones. Con un final realista.
A pesar de su minimalismo está llena de detalles simbólicos que siempre es atractivo explorar: el título basado en la frase latina «Deus Ex Machina», los nombres bíblicos de los personajes, el blue Book (el libro azul) por Ludwig Wittgenstein, el cuadro de Klimt de la hermana de Wittgenstein, el cuadro de Pollock, el test de Turing, la frase de Openheimer «me he convertido en al muerte, el destructor de mundos», etc.
Es una película atractiva, inteligente, que tiempo después de verla puede hacer pensar. Una de las más interesantes propuestas de la temporada.