«Nunca me abandones»
(Never let me go) 2005
Kazuo Ishiguro (Japón 1954- )
Ed. Anagrama 2011, 351 pp.
Kazuo Ishiguro nace en 1954 en Japón (concretamente en Nagasaki; una de las dos ciudades donde se lanzó la bomba atómica en 1945). A los seis años se traslada a Londres donde fija su residencia. Estudia en la Universidad de East Anglia (Norfolk). Su obra está compuesta de seis novelas y varios relatos. También a colaborado en guiones para televisión. En 1993 James Ivory llevó al cine su libro “Los que queda del día” (The Remains of de Day) escrita en 1989. La película tuvo bastante éxito y lo que resultaba verdaderamente sorprendente es que ese tema tan profundamente inglés estuviera escrito por alguien de origen japonés. La película me gustó y la he visto varias veces, pero en ningún momento sentí la necesidad de leer el libro en el que estaba basada.
Ishiguro está considerado uno de los mejores escritores del momento y ha recibido numerosos e importantes premios literarios y ha sido traducido a veintiocho idiomas. Sin embargo, me siento decepcionada después de leer este libro. No encuentro al autor tan celebrado. No conozco otros textos, pero en este caso, el estilo en que está escrito es muy convencional. No hay nada que sorprenda. No sé hasta que punto se debe a que está escrito en primera persona por el personaje Kathy y refleja su carácter, quien recuerda su vida en tres partes; la infancia en Hailsham donde conoce a Ruth y Tommy, el traslado a las Cottages y el momento actual. Kathy tiene treinta y un años cuando rememora su vida y su relación con sus dos amigos a través de todos esos años. Regresa mentalmente a Hailsham y a pesar de que han pasado veinte años puede recordar detalles imposibles (el tiempo que hacía cada día) que rompen la ilusión de realidad.
Sin duda lo más importante de “Nunca me abandones” es la historia que se sitúa en una Inglaterra alternativa en el momento actual. Ciencia ficción del presente. Una distopía donde se clonan a personas para utilizarlas después como donantes de órganos. Los tres protagonistas principales crecen en un entorno escolar aparentemente privilegiado, fruto de un breve experimento y que después desaparecerá, por lo que se saben especiales. La historia es muy conmovedora e impactante y podría haber sido un maravilloso relato corto, de unas cien páginas. En cambio tenemos trescientas cincuenta en las que la mayor parte describen lo que sienten o hablan los personajes de una forma prolija y redundante.
Viendo la película hay algo que no se entiende y esperas encontrar la explicación en el libro: ¿por qué no se rebelan, no intentan huir? No lo hacen, se conforman, no esperan otra cosa. Entonces te planteas que la historia no funciona, porque los protagonistas son conscientes, sensibles e inteligentes aunque algo pasivos. Su falta de lucha frente al destino no tiene sentido. Entonces piensas que la historia quizás es una metáfora de la propia existencia humana y puede ser, pero leyendo el libro la sensación es que se comportan igual que los yonquis. Hubo una época en que estaban muy de moda las novelas y películas sobre drogadictos y si tengo que mirar “Nunca me abandones” desde la óptica de una metáfora humana veo que son yonquis; con una percepción distante de lo que les rodea, salvo de ellos mismos y sus problemas y al mismo tiempo la espera de su destrucción total como algo inevitable.
Es una lástima porque siempre espero que un libro me redima de mi cansancio en leer ficción y este no ha sido el caso. También es curioso porque deseaba ansiosamente ver la película; no había querido saber nada del argumento y había formado en mi cabeza una mezcla de “Lo que queda del día” más Kiera=”Expiación” y la foto que ilustra el cartel cinematográfico donde se ve dos jovenes corriendo por un típico pier=muelle inglés de época que me parecía de una belleza incomparable.
He buscado el muelle y lo más sorprendente es que lo he encontrado. Primero miré en el condado de Norkolk del que se habla en el libro y fue dónde estudió Ishiguro. Hay un muelle muy conocido y bonito en la ciudad de Cromer. Pero no era. Para los curiosos, el pier (muelle) de la foto del libro/película es el de Clevedon en Somerset al sur de Inglaterra. Construido en 1869.
(después de la laboriosa búsqueda me doy cuenta que la localización estaba con toda facilidad en la ficha de la película en IMDb)